Saturday, April 14, 2007

NO, NO SOMOS NI HITLERES NI POL POTES, NI STALINES



Como ya dije cuando empecé este blog, mi intención no es hacer comentarios exclusivamente sobre el 11-M, ni siquiera sobre política.

A veces hablaré sobre política, otras sobre cine, otras sobre la vida.

Hoy toca dar mi opinión sobre algo que sin duda, caso de que lo lea alguien, es posible que no sea bien recibido. Me arriesgo a que me comparen con Hitler, o que me acusen de pro-eutanasia, y como mínimo de gerontófobo. Pero si eso ocurre, será señal de que alguien lo ha leído, que no es poco.

Va la cosa sobre los ancianos en la sociedad actual española y el cuidado que les dispensamos.

¿Quién no ha oído una y otra vez que abandonamos a nuestros mayores, que no les devolvemos lo que hicieron por nosotros, que somos unos desagradecidos, unos parias, que el Estado gasta una miseria en gasto social?

Desde la discusión sobre los presupuestos del Estado, hasta los documentales lacrimógenos y las páginas en los dominicales de los periódicos, nos martillean una y otra vez con lo desatendidos que dejamos a nuestros ancestros más cercanos.

Y es que son muchos millones de pensionistas, y son votos muy influenciables. ¿Alguien ha visto mensajes a los abogados como: “Voten derecha, porque la izquierda les bajará los sueldos”, “Profesores, votad izquierda, porque la derecha os quitará vacaciones”? En cambio, la amenaza de que la oposición bajaría las pensiones fue muy eficaz en elecciones pasadas, y veremos si no lo es cuando vengan las próximas.

Seré claro: poco entiendo de macroeconomía, pero cuando veo la situación de los pensionistas actuales me parece que se alcanzaron cotas de bienestar mucho más altas que nunca en la historia de España y, siendo serios: ¿piensa alguien de menos de sesenta años que cuando a él le toque, dispondrá de una pensión pública (sin fondos de pensiones, que eso es trampa) suficiente para vivir, comer, salir de excursión, viajar todos los veranos, conciertos, etc? Tururú. Por lo pronto, todos nos hacemos los fondos de pensiones.

El profesor Barea, ¡qué vilipendiado fue este hombre por decir la verdad! realizó un estudio en el que demostraba que un trabajador que hubiera cumplido treinta y cinco años de cotización, cotizando siempre igual, y se jubilase a los sesenta y cinco, cobraría un 110 % de media de los ingresos con intereses que hubiese devengado por sus cotizaciones. Cada año adelantado que se jubilase, más premio para su pensión. Cada año de menos trabajado, premio para su pensión. Como no se contaba todos los años de trabajo, sino los últimos quince, si se hacía el truco trilero de mejorar la cotización a final de su vida laboral, premio gordo para la pensión. Concluía el buen profesor que urgía corregir la relación cotización –pensiones para que, en la medida de lo posible, se igualase lo contribuido con lo percibido, so pena de terminar en la bancarrota irremisible del sistema. Dos o tres años han pasado y no se ha hecho nada. Con la llegada masiva de inmigrantes, los políticos y los medios de comunicación trasladaron el mensaje de que el sistema de pensiones ya está salvado. Se creían que no se iban a traer a sus ancianos a disfrutar del Estado de Bienestar.

Seamos honrados, ¿qué haría usted?

Por supuesto que, descendiendo al plano individual, encontramos ancianos que, tras dar lo mejor de sí, cuidar, educar, amar, ayudar a sus hijos, son abandonados por éstos. Y me refiero a dejarlos en la calle o en una residencia-cuchitril, no a pagarles una buena residencia, que eso no lo considero yo dejarles en el arroyo.

Pero cuando sale el reportaje kleenex, antes de juzgar a esa familia, a esos hijos, que los conductores del documental demonizan, culpabilizan, acusan de desalmados, deberíamos tratar de averiguar las condiciones en que se ha desarrollado lo que el programa de televisión, o el periodista dominical, llamará “Tragedia”.
¿Qué posibilidades tienen los hijos de acoger en su domicilio al anciano? ¿Trabajan la mujer y el marido? ¿Estudian los hijos? ¿Tiene el abuelo alguna enfermedad que le hace necesario que alguien le cuide o vigile las veinticuatro horas? Tengamos en cuenta, además, que un cuidador no puede ser siempre el mismo, 24 horas al día 365 días al año, pues claudicará sin remisión. Pregunta final: ¿No estará mejor el anciano en una residencia geriátrica especializada?

Si la respuesta a todas las preguntas anteriores nunca la dan los programas en cuestión, pues si no hay denuncia no sube la audiencia, la siguiente pregunta se responderá aún menos, ni por parte de los ancianos ni por los hijos: ¿Todos, todos los ancianos que salen en este programa se han portado tan maravillosamente con sus hijos como se nos da a entender?

¿Ningún anciano maltrató a sus hijos de pequeños? Y no me refiero a una bofetada correctora; me refiero a una generación de padres que fue la última en usar la correa, el cuarto de los ratones, el zapato de clavos y la máxima “la letra con sangre entra”

De los ancianos que protesta en televisión porque sus hijos no entienden que se haya ido a vivir con una viuda ¿ninguno gritaba a su hija “Como te arrejuntes sin pasar por la iglesia, te mato, ¡te mato!”? ¿Ninguno echó a su hija por eso o le dio una paliza? Y en los sesenta se arrejuntaban por amor. Ahora se arrejuntan por no perder la pensión.

De los que ahora se quejan por estar en una residencia, ¿ninguno recibió las tierras de su padre en vida para ahorrarse los derechos de sucesión, y luego lo arrinconó “padre, usted no entiende de esto, déjeme hacer a mí”?

Por supuesto que no todos los actuales ancianos se portaron mal con sus padres o con sus hijos, pero estoy harto de que los medios de comunicación para captar audiencia sensiblera, y los políticos para capturar votos fácilmente manipulables, carguen sobre nuestra generación la fama de parricidas e hipotequen el futuro del Estado de Bienestar para pagar una deuda que nadie ha contraído. O yo, al menos, y estoy seguro que muchos de ustedes, no.

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